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En un mercado persa (DM x Afrodita)

 
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Cassandra
Afrodita De Piscis




Registrado: 23 Jul 2010
Mensajes: 28
Ubicación: Beyond my wildest dreams XD



MensajePublicado: Mar Nov 16, 2010 7:56 pm    Asunto:  En un mercado persa (DM x Afrodita) Responder citando

Título: En un mercado persa

Serie: Saint Seiya
** Los personajes pertenecen a Masami Kurumada

Personajes:Afrodita, DeathMask. Saga, Kanon, Aiolos, Aiolia, Milo, Shura (aparecen pero sus nombres no son mencionados, pero son facilmente reconocibles ^_^) OC: Saulo, un comerciante de esclavos.

Pareja Principal:DeathMask x Afrodita

Género: Romántico. Algo de fantasía se podría decir, pues gran parte del fic es un sueño.

Advertencias: Lemon

Dedicatoria: Pues a todas aquellas personitas que les gusta la pareja. Mariona va para ti en especial ^_^

Resumen: ...Fue entonces que DeathMask empezó a recordar parte de su sueño: él, un mercenario del imperio persa, Afrodita un esclavo y esas sensuales ropas que había visto no sólo en sueños…

* Hice un art el cual inspiró este fic, pueden verlo aquí: http://ssyaoiparadise.creatuforo.com/viewtopic.php?t=165


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Cassandra
Afrodita De Piscis




Registrado: 23 Jul 2010
Mensajes: 28
Ubicación: Beyond my wildest dreams XD



MensajePublicado: Mar Nov 16, 2010 7:59 pm    Asunto:   Responder citando

DeathMask caminaba con paso lento y actitud despreocupada hasta llegar al interior del templo de Piscis, pasó el salón principal y se dirigió al jardín en búsqueda de su amado pez dorado. Nada, Afrodita no se encontraba allí y era lógico pues faltaba poco para el medio día y los trabajos de jardinería siempre los llevaba a cabo muy temprano por la mañana.



El caballero de Cancer dio un vistazo más a su alrededor, siempre le había parecido sorprendente como aquellas flores frágiles y hermosas podían ser letales para cualquier ser viviente. Sin más regresó al interior del templo encaminándose a las estancias privadas.



Al llegar a la habitación de Afrodita el buen humor con el que se había despertado, cosa rara en él, se esfumó en el acto. Unas notas musicales salían del interior de la habitación a través de la puerta entreabierta, crispándole lo nervios. Y no es que no apreciara la música clásica, al contrario era de sus géneros favoritos; pero la pieza en cuestión, “En un mercado Persa” compuesta por Albert Ketèlbey, llevaba escuchándola durante días, a todas horas, cada vez que se le ocurría subir a buscar al sueco.



-¡¿Quieres hacerme el favor de quitar esa música?! – dijo al entrar sin avisar en la habitación.



-Buenos días DeathMask… - Afrodita respondió con total tranquilidad sin levantarse del sillón cercano a la ventana, ni despegar la vista de su actual tarea.



-¿Hasta cuando seguirás con esta idiotez? – el italiano preguntó con fastidio y acercándose al estéreo, de un jalón retiró el MP3 de la entrada correspondiente haciendo callar la música.



-Hasta terminar claro está y no es una idiotez – contestó el peliceleste, por fin levantando la vista y dirigiéndola a su disgustado novio - ¿Quieres hacerme el favor de poner la pieza musical de nuevo? Es mi inspiración…



-No sabía que necesitabas “inspiración” para coser - el italiano utilizó su tono más sarcástico.



-Pues ya vez que si, estoy a punto de terminar mi disfraz – se incorporó llevando en sus manos lo que parecía una fajilla en seda color azul pavo real bordada con finos cristales de Swarovsky - Y de hecho el tuyo ya está terminado.



Se dirigió a la cama, la cual estaba cubierta de telas, plumas y varias bolsitas plásticas con cristalitos de las mas diversas formas, que brillaban al captar los rayos del sol. Con cuidado dejó a un lado la fajilla y tomó un pantalón de seda en color gris acero, delicadamente bordado a la altura. También agarró un turbante hecho de la misma tela, que llevaba en la parte del frente una pluma sujeta por un broche con lo que parecía un enorme rubí en forma de rombo.



-Sólor, mercenario del imperio Persa, del periodo de la dinastía sasánida – dijo sonriente mostrándole con orgullo su creación – Ese serás tú …



-¡Ah no, ya te dije que no me gustan los disfraces y menos si llevan plumas y brillos por todos lados! – DM se volteó como si el sólo hecho de mirar aquella vestimenta lo enfermara. – Además ya habíamos quedado que no asistiríamos a la fiestesita esa…aquí en Grecia ni se celebra el Halloween…



Afrodita arrojó el pantalón y el turbante a la cama, su sonrisa se había borrado y ahora en su frente se dibujaba un rictus de molestia.



-¡Mentira Angelo! Jamás hablamos de no asistir, llevas días sin pararte por aquí…



-¡Porque cada vez que se me ocurría subir para hablar, esa maldita música sonaba a todo volumen! – el cangrejo arrojó el mp3 a las manos de Afrodita - ¡A estas alturas Shion y Camus deben odiarla aún más que yo!



-¡Es un hermoso intermezzo, nadie podría…!



-¡Si es muy bello, no lo niego, pero tu obsesión Afrodita, es lo que hace que uno lo termine detestando! – el peliazul se dirigió a la puerta pasando a un lado del menor - ¡Desde que lo descargaste de internet no has hecho más que oírlo y oírlo; y luego para colmo fue lo que te metió en la cabeza la idea de los disfraces persas!



-¡Lárgate! ¡No necesito que me acompañes a la fiesta! – pasó rápidamente adelantándose a su novio y terminó por abrir la puerta de par en par y con un gesto bastante teatral le indicó que se fuera - ¡Iré sólo… o mejor, ya encontraré a alguien que sí aprecie mi esfuerzo y use el disfraz , además de que me deseé como compañía… – recalcó esas últimas palabras imprimiéndoles todo el veneno que pudo y dejando entrever una doble intensión.



DeathMask se paró frente a él mirándolo con los ojos encendidos por la furia desatada por los celos, intentó sujetarle el rostro, pero Piscis lo evitó de un manotazo. Ambos caballeros se quedaron mirando por una fracción de segundo, desafiándose.



-Ten cuidado con lo que haces…Afrodita – siseó el italiano antes de irse hecho una furia.



El sueco azotó la puerta para cerrarla, encerrándose para continuar con su costura.



Angelo apenas había alcanzado el pórtico del templo cuando el intermezzo de Ketèlbey comenzó a sonar a todo volumen. Apretó los puños experimentando uno de los peores entripados de su vida.







Cuando llegó a su templo aún mentaba madres y maldecía, llegó a su recámara y se paseaba de aquí para allá como león enjaulado, pateó lo que tuvo enfrente y le pegó a la pared provocando que se cuarteara un tanto.



Finalmente resopló y se dejó caer en la cama mirando fijamente el techo, se sentía un poco más tranquilo, pero entonces la melodía arabesca empezó a sonar en su cabeza.



-¡¡¡Aghhhhh!! – tomó la almohada cubriéndose el rostro con ella - ¡Maldito y mil veces maldito Ketèlbey, si no estuviera muerto ya, yo mismo iría por él y lo arrojaría al averno!



Pataleó un poco, mandó a volar aquello con lo que se cubría la cara para luego darse la vuelta y quedar acostado bocabajo con sus manos a los costados formando una cruz.



-Afrodita… Afrodita… ¡Loco obsesivo ya me las pagarás!



Pasó más de un cuarto de hora sin que DeathMask se moviera, después de tremendo enojo, un suave sopor comenzó a invadirlo, sus párpados se sintieron pesados, aunque trató de mantenerse despierto sus ojos se cerraron.

Justo en ese momento en el cual uno se encuentra entre el sueño y la realidad, el adagio del “Mercado Persa” volvió a su mente, y con el apareció Afrodita con una sonrisa hermosa y seductora, parecía estar girando y girando al compás de la música. Soltó un amodorrado gruñido y entonces se perdió en el más profundo de los sueños.







El sol estaba justo en el cenit, como era costumbre no se veía ni una sola nube en kilómetros. DeathMask, parado en la entrada de su haima, miraba hacia el horizonte, con una mano por encima de sus cejas haciéndole sombra a sus ojos azules.



Camino a Hâgmatâna* (Ecbatana), la caravana conformada principalmente por mercenarios del Sha, se había asentado en las cercanías de una pequeña pero rica ciudad; para descansar y reabastecerse de agua, y otras bondades que aquel pequeño paraíso en medio del desierto les ofrecía.



- ¡Sólor!



El peliazul volteó a ver al hombre que se acercaba y que lo había llamado por su nombre. Lo conocía bien, más alto que él, de poderoso físico, cabello azul, largo hasta la cintura y unos impresionantes ojos verdes que hablaban de experiencia en decenas de batallas. Extranjero en aquellas tierras y mercenario igual que el propio DeathMask, pero por alguna extraña razón no recordaba su nombre.



-Sólor, tienes que ir a la ciudad, me informaron que hay una caravana de mercaderes y… ya sabes, deben pasar la cuota correspondiente para que se les brinde “protección” en su camino. Pregunta por Saulo, el patriarca de la tribu, es un vendedor de esclavos.



-¿Qué carajos te hace pensar que iré yo? – preguntó con una media sonrisa – Con este calor ni muerto salgo de aquí. Cualquier sirviente puede hacer ese trabajo.



-Mis órdenes no se discuten DeathMask , ya lo sabes – dijo sin alterarse el ojiverde, entregándole un rollo de pergamino – Aquí está una lista de lo que deben entregar a mas tardar esta noche.



Sólor bufó molesto, detestaba que le dieran órdenes, pero no había nada que hacer, debía obedecer. Ordenó que ensillaran su caballo, si, era dueño de un hermoso corcel negro, jamás montaría un camello, esos animalejos apestaban y escupían y aunque eran más aptos para el desierto, nunca cambiaría a su leal caballo.





En un parpadeo ya había cruzado la puerta norte de la ciudad, nadie se atrevió a detenerlo para que se identificara, sus ropajes oscuros, el tatuaje en su brazo izquierdo y la espada que llevaba al cinturón hablaban por si solos.

Iba a trote, sin prisa, le habían dicho que los mercaderes nómadas habían recibido el permiso de establecer sus puestos y tiendas en el mercado de la ciudad.





DeathMask desmontó y se dirigió al primero de los puestos, ahí un hombre de mediana edad le indicó con cierto temor que se dirigiera al final de ese pasillo, allí se encontraba el líder de todos ellos.

Caminó entre toda clase de mercancías y los dueños de los puestos que las ofrecían gritaban para llamar su atención y la de muchos otros clientes que abarrotaban el lugar: especias, animales, sedas y otras telas, armas, frutos secos, joyería y piedras preciosas y semipreciosas sin engarzar, instrumentos musicales, afeites; hasta un encantador de serpientes estaba por allí.



Llegó al final del improvisado corredor y al entrar en la haima se sorprendió del tamaño que esta tenía, era enorme, pero desde el exterior no lo parecía.



-¿Hay alguien? Necesito hablar con Saulo, ahora. – dijo con voz enérgica.



Pero nadie respondió, el sonido de un laúd, acompañado por una Nay** y un Narbuka*** se escuchaban detrás de una serie de velos que bloqueaban el paso y la vista hacia el fondo de la tienda.



El peliazul decidió ignorarla, pero la música seguía y seguía. Movido por la curiosidad empezó a caminar, abriéndose paso, levantando los velos, hasta llegar al último. A través de este vio una alta y delgada figura que se movía al ritmo de la melodía que ahora se escuchaba fuerte y clara.

Corrió ese último velo y se quedó mirando por un instante al ser que bailaba, ondulando sus brazos al frente; una pierna más adelante que la otra, un poco flexionada, y su torso se arqueaba hacia atrás, haciendo que mirara al techo de la tienda. Su danza era suave y sutil, pero poseía una innegable esencia masculina, viril, lo que la hacía más sensual y atrayente. DeathMask tuvo que parpadear varias veces para asegurarse de que realmente estaba viendo aquella belleza.



Se trataba de un muchacho de piel blanquísima con ligeros tintes rosados, llevaba unos pantalones holgados en un tono dorado muy pálido y una fajilla azul que le llegaba debajo del pecho. Todo él parecía una excelsa escultura de Adonis. Poseía las facciones más finas que jamás hubiera visto, su nariz formada por una curva perfecta terminaba en una punta afiladita que apuntaba ligeramente hacia arriba. Sus labios eran carnosos y de un rosa intenso. Giraba y giraba, su larga cabellera celeste flotaba a su espalda al igual que un pequeño velo que sujetaba con ambas manos y las joyas cosidas a su ropa centelleaban con la luz. En un momento abrió los ojos para revelar unas hermosas y enormes aguamarinas, y DeathMask sintió que acababa de entrar en el paraíso.



-¿Te gusta? - alguien le preguntó en latín sacándolo de su embelezo - ¿Te interesaría comprarlo?



Sólor volteó a ver al sujeto que le hablaba, era un hombre ya mayor, con una barba blanca no muy larga y cabello ensortijado, que conservaba un porte digno y de autoridad.



-¿Cómo sabes que hablo latín?



-Fácil, tus facciones, tus ojos azules, esa espada que llevas que nadie por estas tierras usaría, sin duda es romana – iba diciendo mientras indicaba con su dedo índice – Además eres mercenario y por lo regular son extranjeros…



La música cesó y el bello joven se detuvo mirando a los dos hombres que dialogaban. El mercenario lo miró de reojo, fascinado, aquel exótico muchacho poseía una carita deliciosamente andrógina.



-¿Eh… eres Saulo, el patriarca de la tribu? – el viejo asintió – Mi líder te manda esto, es la cuota que deben pagar para…



-Para que tú y tus compañeros no nos degüellen en medio del desierto y se roben nuestras mercancías…



Los músicos miraban al suelo intimidados por la presencia del extraño, pero el joven esclavo no le despegaba la vista de encima, cosa que estaba empezando a poner nervioso al peliazul.



-Si, bueno… ya están avisados, tienen hasta esta noche para llevar a nuestro campamento lo que hemos pedido.



Sin más, caminó para dejar el lugar, levantando de nuevo aquel velo, pero dudó, pensó un poco y de inmediato regresó.



-¿Cuánto por tu eunuco? – el mercader sonrió.



-¡Ningún eunuco, primero le rebano el cuello al mal nacido que intente castrarme! - el peliceleste contestó en un perfecto latín - ¿Qué te hizo pensar que lo soy?



-Basta Afrodita, espantarás a un posible comprador… - el mercader habló con un claro tono de advertencia en su voz, el esclavo volteó el rostro en un gesto de indignación.



-Afrodita… Como la diosa de la belleza y el…



-Amor, así es - el viejo le puso una mano sobre el hombro a Sólor – Dame 2500 denarios y será tuyo. El muchacho está sano y bien alimentado, además de que está “completo” para que hagas con él lo que te venga en gana. Puedes revisarlo si quieres, sin compromiso.



-¡No soy un maldito caballo, Saulo, para que cualquiera venga y me revise! – el peliceleste apretaba el velo que tenía entre las manos - Ya bastante es tener que soportar tus manoseadas…



DeathMask observaba y escuchaba todo, encantado con la actitud altanera e indómita del bello esclavo.



-¡He dicho que basta! – el viejo sacó un látigo no muy largo que traía sujeto al cinturón – No le prestes atención… han sido sólo caricias, no he ido más allá, ja, no está bien involucrarse con la mercancía, pero es inevitable sucumbir al deseo de tocar esa suave piel, y ese cuerpo que parece esculpido por Praxíteles…



El mercenario se adelantó unos pasos, enarcando una ceja, el viejo se estaba poniendo caliente y no quería seguir escuchando y menos estar tan cerca de él.



-¿Puedo…? – preguntó, simplemente por retórica pues, ya estaba acercándose y levantando su mano para tocar el rostro de Afrodita.



-Pásate de listo y te juro que te ahorcaré con este velo… -siseo el esclavo.



-Inténtalo, no sabes con quien te metes, belleza.



Ambos se quedaron mirando fijamente, aguamarinas y zafiros desafiándose. Despreocupadamente DeathMask puso su mano sobre la mejilla de Afrodita, este no se inmutó, ni cuando el pulgar comenzó a acariciar la tersa piel de esa zona, o cuando siguió por su nariz y sus labios. Pero sus ojos se abrieron más cuando esa mano empezó a bajar por su cuello; la piel se le erizó al contacto de cada uno de los dedos sobre su clavícula izquierda, hasta que descendieron hasta su pectoral. El roce continuo del dedo meñique en forma circular sobre el pezón hizo que sus mejillas se sonrosaran ligeramente e inevitablemente dejara escapar un trémulo suspiro.



-Ya lo vez, es altivo y bocón, pero se puede domar… - Saulo no perdía detalle de lo que ocurría entre ambos jóvenes.



-No hables de lo que nunca has podido lograr… - replicó el esclavo con voz temblorosa.



-Jajajaja, me gusta… Llévalo esta noche al campamento, te daré los 2500 denarios.



Intempestivamente tomó el rostro del peliceleste con ambas manos y lo beso profundamente en la boca, introduciendo su lengua y chupando los labios con rapidez. Antes de cualquier reacción se dio media vuelta y se retiró dejando a un desconcertado Afrodita. Caminó hasta Saulo, y retirando las ropas que cubrían su cuello dio un tirón arrancando un medallón que tenía una esmeralda engarzada; y se lo puso en la mano al viejo.



-Para que no se lo vayas a vender a nadie más… - sus ojos se entrecerraron y habó con voz grave, amenazante – Y ni se te ocurra volver a manosearlo en estas horas que te quedan con él… Cuando te haya dado tu dinero, me devuelves mi esmeralda.



Dicho esto abandonó la tienda y montó su caballo para salir de la ciudad.





La noche llegó de repente, un cielo estrellado pero sin luna se divisaba hasta el horizonte. El campamento de los mercenarios era la única fuente de luz fuera de la ciudad.



El la haima del líder, se habían reunido todos esperando por los “regalos” que les llevarían los mercaderes. El grupo estaba conformado por 6 hombres aparte de Sólor; el líder y su hermano gemelo, quienes ahora discutían cual sería la ruta a seguir hasta Hâgmatâna. Otros dos hermanos, el menor con cabellos miel y ojos verdes y el mayor de ojos verdiazul y cabello castaño. Con ellos se encontraba jugando con unos dados, otro joven de cabellos azulinos y ojos verdes. Y en la entrada mirando hacia afuera otro de cabellos muy oscuros. Todos griegos, a excepción del pelioscuro que provenía de Hispania y de DeathMask quien era originario de Tarentum.



El pelioscuro se hizo a un lado cuando Sólor llegó a la tienda, mirándolo de arriba para abajo. Las ropas que vestía eran sumamente elegantes. Llevaba un turbante en seda color gris acero con broche al frente que ostentaba un enorme rubí y perlas blancas y una pluma negra, los brazaletes eran del mismo color y llevaban también rubíes y perlas blancas y negras. Una fajilla delgada que se sujetaba a una especie de gargantilla también bordados con perlas, dehando gran parte de su poderoso torso al descubierto. Y los pantalones eran holgados, de seda gris, con pequeñísimos diamantes cosidos aquí y allí. Una especie de botines confeccionados en cuero suave complementaban la vestimenta.



-¡Vaya pero si parece que el mismísmo Sha nos ha venido a visitar! - gritó divertido el gemelo menor del líder al descubrirlo.



Todos voltearon a verlo, incluso los pocos sirvientes que habían, cosa que lo hizo resoplar exasperado.



-Gracias, muchas gracias idiota…



-Vamos DeathMask ¿no exageraste un poco? – el hermano de cabellos miel se le acercó pasándole un brazo por los hombros – Sólo son unos simples mercaderes los que vienen…



-¡Y tú parece que vas a una importante ceremonia! – agregó el castaño.



-¡Bah… ya cállense! – les espetó DeathMask con fastidio.



En eso estaban cuando uno de los sirvientes entró corriendo para avisar que los mercaderes habían llegado.



Cuando el líder les dio permiso para entrar, se presentaron cuatro hombres quienes fueron acarreando todas las mercancías solicitadas hasta el centro de la tienda. Cuando terminaron su labor se quedaron arrodillados detrás de los envoltorios; y entonces entró Saulo con Afrodita caminando a su lado con la manos atadas a su espalda.



Todas la miradas se dirigieron de inmediato al bello joven, quien llevaba el mismo atuendo que portaba en la mañana, solo había sido añadido una especie de turbante en seda azul y oro finamente bordado con piedras preciosas; cosidas a los costados tenía unas pequeñísimas rosas de marfil y una tira de perlas blancas le colgaban casi hasta las clavículas.



-¡Ah, esta belleza no la pedimos en la lista pero bienvenido sea! – grito el peliazul que jugaba con los dados hacía unos momentos.



Afrodita los miraba a todos, uno por uno, con la misma actitud altiva y desafiante que había mostrado temprano ese día. Solo su expresión se relajó un poco al descubrir a DeathMask entre ellos.



-Esta belleza ya tiene dueño señores – dijo con parsimonia Saulo – Lo prometido es deuda Sólor…



-Aquí tiene sus 2500 denarios – le arrojó al viejo una pesada talega, y este la atrapó con ambas manos – Ahora devuélvame mi esmeralda.



-Anda muchacho, ve con tu nuevo dueño - Saul, desató las manos de Afrodita y le entregó el medallón – Debes sellar el contrato de compra-venta.



-Seguro, vamos a mi haima – dijo tomando de la mano al peliceleste y haciéndoles un gesto burlón a sus compañeros antes de abandonar la tienda.



Todos se quedaron azorados y mudos ante la nueva adquisición de DeathMask y el costo de esta.







Una vez sellado el contrato los mercaderes se retiraron, dejando a Sólor y Afrodita a solas en la haima. El peliazul se acomodó plácidamente sobre un fino tapete, recargándose en unos mullidos y grandes cojines.



-Ven aquí – dijo palmeando el tapete a su lado. El joven esclavo lucía más hermoso que nunca con todas las joyas en su cuerpo y ropajes brillando con la luz que las lámparas de aceite emitían.



Afrodita no se movió, miraba todo su entorno con detenimiento, la tienda era pequeña pero lujosa.



-Ser mercenario te da más riquezas de lo que imaginé. – murmuró.



-Digamos que el Sha nos da manga ancha en cada misión que nos asigna – respondió el peliazul con orgullo – Es la ventaja de ser terriblemente buenos en lo que hacemos. Ven aquí.



El esclavo se quedó en el lugar en donde estaba, sólo lo miró con detenimiento, como estudiándolo.



-He dicho que vengas aquí – acentuó el tono imperativo en su voz - ¿Por qué sólo te me quedas mirando?



-¿Me castrarás? – preguntó directo y sin rodeos



-Pss…no, no quiero que me rebanes el cuello, jajaja – respondió divertido.



-Pero tú quieres un eunuco, creíste que yo era uno…



-Estás equivocado, deduje erróneamente que eras un castrado por lo andrógino de tu rostro. Pero me alegra que no lo seas, me gustan los hombres, esos jovencitos mutilados no me interesan en lo más mínimo.



DeathMask se acercó de rodillas al peliceleste y lo tomó de la mano, al ver que no se movía y continuaba con su necia actitud lo jaló con fuerza haciéndolo caer frente a él.



-Mira, yo no tengo la paciencia de Saulo, si no me obedeces…



-¿¡Que?! ¿¡Me azotarás, me violarás… o dejarás que tus amigos lo hagan…?! ¡¡Hmmm…hmmm!!



Sólor se había abalanzado sobre Afrodita cubriendo su boca con la suya para hacerlo callar, su cuerpo delgado quedó debajo de él. Se agitaba y trataba de liberarse, pero siendo más fuerte, el peliazul no tuvo problemas para sujetarlo por las muñecas y aprisionarlas contra el suelo.



Continuó con el beso chupando con fuerza los labios carnosos y mordiéndolos con pasión. Afrodita se quejaba, mas el mercenario sintió como su respiración comenzaba a agitarse y dejaba de luchar poco a poco, su mandíbula se relajó y su boca se entreabrió, cosa que aprovechó para explorar el interior. Encontró una tímida lengua que huía al contacto primero, pero después comenzó a ganar confianza y empezó a enredarse en su igual. Después de un rato de juguetear juntas, se separaron; Deathmask se retiró lentamente hasta que el hilillo de saliva que los unía se rompió.



-Así está mejor… silencio, bendito silencio… - Afrodita permaneció acostado sobre el tapete, sin la mas mínima intención de moverse - ¿Sabes lo que viene a continuación, verdad? O me dirás que eres una virgencita inexperta, jeje…



-Obvio no lo soy. No puedes permanecer virgen mucho tiempo siendo un esclavo…



-¿El viejo…?



-No, Saulo era demasiado mayor para tener una…



-Sin detalles Afrodita, sin detalles… - el peliazul hizo una mueca de disgusto, lo que provocó la risa del esclavo.



-Fue mi primer amo quien lo hizo… Yo tenía 13 años… – desviando la mirada el rostro del joven se ensombreció por un momento al recordar, pero luego volvió a mirarlo y le sonrió - Ya no quiero hablar… mejor… ¿en donde nos habíamos quedado…?

Esta vez fue el peliceleste quien tomó la iniciativa, se incorporó un poco para rodear con sus brazos el cuello de DeathMask y empezar a besarlo en el lóbulo de la oreja, para ir descendiendo por el cuello lentamente, chupando y lamiendo hasta la base, justo en donde se une con el hombro.



-Mmmm – oh sí, al mercenario eso le gustaba mucho más que hablar. – Mmmmm…



Con su mano tomó con suavidad la parte posterior del a cabeza de Afrodita y comenzó a guiarlo hasta su tetilla derecha. Ambos estaban ahora arrodillados uno frente al otro.

El peliceleste empezó a lamer en círculos el pezón, que se endureció al instante, luego lo chupó y lo tomó entre sus dientes, provocando que su pareja se estremeciera. Iba a moverse hacia el otro lado, pero fue detenido y obligado a recostarse de nuevo, pero esta vez le alzó las caderas, unas manos hábiles comenzaron a desabotonar la fajilla y la retiraron por completo; mientras su pecho era asaltado por una boca ardiente y demandante que en un segundo dejó húmeda su blanca piel y erguidos sus pezones.

Descendieron sus caderas y a través del pantalón de seda DeathMask inició un sensual masaje sobre el miembro y los testículos del menor.



-Ahhhh – Afrodita se acarició el torso, recorriendo cada centímetro. – Mmmm…



Ahora tocó el turno de los pantalones, fueron arrancados casi con desesperación, mientras los suspiros de Afrodita se intensificaban. Dejándolo completamente desnudo, de su atuendo solo quedaba el turbante azul y oro.



-Completo… - Sólor lo miraba con una sonrisa de satisfacción, complacido con la firme erección y adorando la perfecta armonía de todo su cuerpo. Sus ojos reflejaban un deseo instintivo y pasional. Afrodita sonrió completamente sonrojado, el calor en su ser elevándose a cada segundo que transcurría.



DeathMask acercó el rostro a la altura del sexo del peliceleste y empezó a lamerlo, primero la punta, probando su esencia para luego abarcar toda la longitud de miembro hasta la base. Afrodita se arqueó y dejó escapar un fuerte gemido y tomó con sus dedos índices y pulgares sus propios pezones para masajearlos incrementando el placer.



El peliazul notó esto y su erección llegó al máximo, casi dolía al no ser atendida, así que sin dejar de chupar y lamer, como pudo se sacó los pantalones y se acostó de forma que sus caderas quedaran cerca del rostro de su bello amante. Afrodita entendió de inmediato lo que debía hacer, y ambos se acomodaron para poder darse placer uno al otro.



Sus bocas engullían por completo sus miembros, lengüeteaban, succionaban entre gemidos, gritos y suspiros; sus manos masajeaban cuando se separaban para poder respirar y volver a devorar el objeto de su deseo.

Llegarían juntos al clímax, podían sentirlo, sus cuerpos cubiertos por el sudor del esfuerzo se retorcían con la inmensidad de las sensaciones experimentadas, sus caderas se movían rítmicamente.



Deathmask se retiró, sacando su pene de la boca de su amante , lo jaló un poco y se arrodilló entre sus piernas, separándolas lo más que pudo y levantando su cadera lo penetro hasta el fondo, provocando que lanzara un grito mezcla de dolor y placer.

-Ahhhhh…ahhhh… ahhhh… ahhhh



El peliceleste se llevó las manos al rostro y movía su cabeza de un lado a otro, presa de un placentero delirio, mientras su amante aumentaba la velocidad de sus estocadas, jadeando con mayor fuerza cada vez, hasta que ya no pudo retrasarlo más, apretó los dientes y con un ronco y sofocado grito, eyaculó con espasmos en el interior de Afrodita, mientras este hacía lo propio llenando con su semen su abdomen y el de DeathMask, mientras jadeaba con los labios cerrados.



Despacio y después de respirar profundamente un par de ocasiones, el peliazul salió de su amante para recostarse junto a él. Los dos de lado se miraban y acariciaban sus rostros encendidos, agitados y con sus corazones latiendo a un ritmo desbocado.



-Si rompo el contrato de compra-venta, ¿te quedarías conmigo por voluntad? – preguntó DeathMask tratando de recuperar el aliento.



-Sólo si realmente me deseas como tu compañía… - respondió Afrodita con lo que pareció un ronroneo.







Cuando iban a unir nuevamente sus labios, Deathmask abrió lo ojos.



-¿Qué demonios…?



Se encontró sólo, en su habitación del templo de Cancer, y hecho un desastre por el sueño que acababa de tener. Con cierto disgusto se miró la enorme mancha húmeda al frente de sus pantalones.



Miró el reloj de pared, eran casi las 7 de la noche, ¡¿tanto tiempo había dormido?! Para esos momentos Afrodita estaría arreglándose para irse a la fiesta de Halloween, los dioses sabrían con quien.



Fue entonces que DeathMask empezó a recordar parte de su sueño: él, un mercenario del imperio persa, Afrodita un esclavo y esas ropas que había visto no sólo en sueños…

Una sonrisa de lado a lado se dibujo en sus facciones y a toda prisa se levantó. Y después de una escala en el baño para ducharse rápidamente y cambiarse la ropa, salió corriendo rumbo al templo de Piscis. Abrió de golpe la puerta del dormitorio de su novio.



-¡Cambié de idea Afrodita si iré a la fiesta contigo…!



El peliceleste estaba de pie en el centro de la habitación, ya enfundado en su disfraz, bello y espléndido, centelleando con la luz gracias a los cristalitos y la joyería que había bordado en el. Primero miró a DeathMask asombrado, pero después sonrió y señaló la cama en donde se encontraba el disfraz color gris acero y el rubí del turbante refulgía como si estuviera hecho de fuego puro.



Cancer tomó las prendas y se dirigió al baño a cambiarse, dejó escapar una risilla, esa noche le enseñaría a Piscis su muy particular y candente versión de “En un mercado Persa”.




FIN


______________________________________________

* Haima, son las tradicionales tiendas o carpas utilizadas por los beduinos y las caravanas en todo medio oriente, desde tiempos inmemoriales.

**Hâgmatâna, es l nombre antiguo de Ecbatana, que durante el reinado de los parthas y los sasánidas fue una de la capitales del imperio.

*** Nay es una flauta utilizada frecuentemente para solos o acompañamiento en la música de medio oriente.

****Narbuka es una especie de tambor, que marca el ritmo de la pieza musical interpreda, básico en la música de oriente medio.

·El sueño de DeathMask se sitúa en las últimas centurias del imperio persa, justo antes de la imbación Islámica. Por aquellos entonces era la dinastía sasánida la que gobernaba a Persia y ya era común llamar Sha al máximo jerarca del imperio.


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